Reseña de Hacia Rutas Salvajes

Ciego ante la realidad: necesitamos compartir la vida

Ocurre en muchas familias que los miembros de éstas no encajan y difieren en muchas de las ideas que tienen sobre cómo ver y afrontar la vida. Christopher McCandless, en Hacia Rutas Salvajes, está cansado de que sus padres quieran aparentar algo que no son. No le gusta su superficialidad, ni su hipocresía, ni tampoco que intenten que como ellos, él disfrute en exceso de las cosas materiales.

Eso, junto a la mala relación de sus padres que afecta tanto a él como a su hermana, lo lleva a abandonar a su familia, donar su dinero y emprender una aventura sin compañía y lejos de la civilización. Huye. Christopher, que a partir de ese momento se hace llamar Alexander Supertramp, comienza un viaje dejándose llevar por sus ideas naturalistas –pues gusta de leer a autores como Tolstoi– pero también por el odio. Y eso es lo que nunca debería haber ocurrido, porque algo así está destinado a no acabar bien.

Basada en hechos reales, esta película explica el viaje de dos años que realizó el protagonista. Recorrió Estados Unidos, conoció a gente con la que creó vínculos y realizó pequeños trabajos que lo ayudaron a ganar algo de dinero y a llegar a su destino: Alaska.

El viaje de Christopher

Con este viaje, Christopher buscó la oportunidad de vivir sin ataduras, conocerse a sí mismo, ponerse a prueba y de encontrarle un sentido a la vida. También de ser lo opuesto a lo que fue su padre. Pero lo hizo de una manera egoísta –olvidándose por completo de sus personas cercanas– y queriéndose desprender de casi todas las cosas materiales creyendo que no eran necesarias. Fue un error.

Chris pensó que él sólo, con la ayuda de un libro y un rifle de caza, era capaz de salir victorioso de esa aventura. Buscó lo contrario a lo que había tenido hasta entonces. No fue un capricho sino una necesidad; quería una “revolución espiritual”. Quería verdad y lealtad para sí mismo. Explorar. Y fue lo que buscó. Pero se equivocó creyendo que era más fuerte que la naturaleza y los peligros de un lugar tan salvaje como ese rincón de Alaska. Y se equivocó también al no escuchar a las personas con las que se fue encontrando, llenas de sabiduría y de las que tanto pudo haber aprendido.

Porque aunque su idea fuese alejarse de las personas, sin quererlo tuvo que recurrir a ellas para lograr su objetivo. Compartió días con gente muy diferente entre ella. Se ayudaron unos a otros, se encariñaron y compartieron grandes momentos y charlas. Incluso una mujer le contó casi su misma historia: su hijo se había ido de adolescente y ella había sufrido mucho por no saber nada de él.

Se relacionó con los demás porque esa es nuestra naturaleza: vivir en compañía. Pero su experiencia en el pasado lo mantenía ciego ante eso e incluso lo llevó a pronunciar una frase que decía algo así como que la alegría y la felicidad están en todas partes y no en las personas. Por eso sus estancias con estos personajes fueron cortas y por eso hizo caso omiso a sus consejos e historias. Le intentaron mostrar lo importante que es tener a alguien al lado, pero el rechazo hacia su familia y en especial hacia su padre no le permitió ver que tenían razón. Para él, la naturaleza era suficiente.

Llegó a Alaska y encontró un viejo autobús abandonado que le sirvió de hogar durante la última etapa de su viaje. Y como aunque no lo quisiera él también necesitaba de las cosas materiales, tuvo que hacer uso de ellas. Pero no supo darse cuenta a tiempo de ello. De que todo en exceso es malo, pero en pequeñas dosis puede ser necesario.

La felicidad se debe compartir

Christopher hizo un viaje que pudo haber sido de gran ayuda y que podría haberle hecho crecer como persona. Realmente lo hizo. Creció, pero tarde. Se equivocó en la manera en la que lo afrontó. No se dio cuenta que debía ser un viaje para aprender y no para sobrevivir. Y tampoco se dio cuenta a tiempo de que las personas se necesitan unas a otras.

Hacer este viaje durante un periodo de tiempo más corto, contactar con su familia, tener más conocimientos sobre los lugares a los que iba y más objetos de los que ayudarse y no exponerse a los peligros de la naturaleza salvaje habría hecho de ese tiempo una aventura increíble. Si hubiese hecho este viaje porque realmente lo quería y necesitaba y no por huir y demostrar que él era diferente a su familia, habría disfrutado de una aventura maravillosa. Y seguramente entonces se habría dado cuenta antes de eso que descubrió tarde: “La felicidad solo es real cuando es compartida”.

Pese a todo, es de valorar que a su temprana edad –acababa de terminar una carrera universitaria– fuese capaz de dejarlo todo y emprender una aventura de esas dimensiones él solo. Creyó que eso era lo que quería y necesitaba y fue lo suficientemente valiente como para ir hacia adelante con todo. Muchos no lo harían, pero él no lo dudó. Aunque fuese una locura. Se valió de sí mismo un tiempo y fue incluso capaz de superar sus miedos. Y pese a comprender tarde que necesitaba a los demás a su lado y no poder volver a disfrutar de su familia y amigos, terminó feliz por finalmente haber entendido que venimos de la naturaleza, pero estamos hechos para vivir acompañados.

Referencias bibliográficas de Hacia Rutas Salvajes
Referencias bibliográficas de Hacia Rutas Salvajes
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Autor entrada: Judith G. Noé

4 thoughts on “Ciego ante la realidad: necesitamos compartir la vida

    Crealidades

    (23 noviembre, 2017 - 11:44 am)

    Me ha parecido preciosa la idea, have tiempo pensé en hacer pelis y comentar su trasfondo psicológico, de hecho lo pregunté por Twitter, asiq… Te animo a seguir

      Judith G. Noé

      (23 noviembre, 2017 - 11:51 am)

      Esta reseña la tenía guardada desde hace un par de años, de cuando hice periodismo de viajes. Desde hace tiempo dudaba entre compartirla o no y al final me he decidido por hacerlo… y espero que guste! De momento me alegro de haber acertado contigo ♥ Tú al final no lo hiciste?

    Alize

    (23 noviembre, 2017 - 8:15 pm)

    A primeros de año leí este libro, me pareció muy triste la historia sabiendo que era real… Vamos, muy triste el final de Christopher 🙁
    ¡Besotes!

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