Vistas desde Vilanova de Gaia

Vila Nova de Gaia, una experiencia de lujo

Cuanto conté el viaje a Oporto ya comenté  que fue un viaje locura y creo que el más divertido que he hecho hasta el momento: un viaje de lujo, y nunca mejor dicho. Después de varios días sin apenas dormir y de un concierto increíble condujimos seis horas de noche desde Madrid hasta esta ciudad del país vecino. Íbamos totalmente a la aventura, con el único plan de que mis amigas asistiesen a un nuevo concierto para cerrar la gira de los artistas que nos habían llevado hasta Portugal. Y sí, digo mis amigas porque para ese entonces yo no tenía entrada y estaban agotadas. Pero sigamos con lo importante, que es presentarte Vila Nova de Gaia. Es la ciudad que está justo al lado de Oporto, tiene alrededor de 300.000 habitantes y es donde nosotras hicimos nuestra primera parada. Nuestro ‘yo’ friki había reposado durante el viaje pero ya tenía ganas de volver a la acción.

Llegamos a eso de las seis de la mañana y nuestra lista de sitios que visitar no eran más que los hoteles más lujosos de la ciudad. Nosotras seguíamos siendo igual de pobres que cuando habíamos salido de Madrid. Pero sabíamos que esos artistas que nos habían empujado a hacer el viaje debían de estar alojados en uno de esos hoteles en los que cualquiera querría quedarse a vivir. El primero de nuestra lista era The Yeatman Hotel, un hotel cinco estrellas situado en Vila Nova de Gaia, a diez minutos a pie de la orilla del río Duero. Nos metimos en el parking y aparcamos nuestro coche mientras nos inventábamos nuestros papeles a partir de entonces: cinco chicas españolas, bastante refinadas, con dinero suficiente como para permitirse una parada en el hotel más lujoso de la ciudad. Nuestra ropa y nuestras caras de cansancio con un poco de suerte pasarían desapercibidas.

Llamamos al timbre en una puerta que encontramos y explicamos que veníamos de Madrid y necesitábamos desayunar. Cuando llegamos arriba nos informaron que todavía era muy temprano, pero que podíamos quedarnos por allí hasta la hora en la que se abriese el restaurante. Sin dudarlo un solo momento empezamos a recorrer el hotel en busca de alguna cara conocida o de alguna pista que nos indicase que los cantantes a los que buscábamos estaban allí. Fracaso total. Lo que sí que encontramos fue un jardín maravilloso con unas vistas espectaculares. Desde las terrazas del hotel –sí, hay más de una y en diferentes pisos, con césped, con mesas o con piscina– se puede disfrutar de una panorámica maravillosa de Oporto, de los meandros del río Duero y del puente Don Luis I, que se debe cruzar si se quiere ir de una ciudad a la otra. En ese momento obligamos a nuestros ‘yo’ frikis a esconderse y disfrutamos al máximo de nuestros ‘yo’ ricos por un día. ¡Qué maravilla teníamos frente a nuestros ojos (mira la foto de portada)!

Cuando por fin pudimos darle la espalda a Oporto y adentrarnos en el restaurante –más tarde supe que el restaurante The Yeatman tiene dos estrellas Michelin–, nos sorprendimos al ver cómo los camareros nos acompañaban hasta nuestra mesa y retiraban hasta las sillas para que nos acomodásemos en ellas. Nos sirvieron agua, zumo de naranja y café con leche y nos informaron que podíamos levantarnos a coger todo lo que quisiéramos, incluso caviar y cava. ¡Caviar y cava para desayunar! Seguramente para ese entonces ya no tendríamos escapatoria, estaba convencida de que tendríamos que quedarnos allí los próximos tres meses para pagar el desayuno a base de fregar platos.

Desayuno Vila Nova de Gaia
Desayuno Vila Nova de Gaia

De perdidos al río, comimos todo lo que pudimos y más. Tostadas, embutido, bacon, fruta. Hasta me tomé la libertad de pedirle al camarero que me hiciera un huevo frito. Si iba a tener que fregar platos durante tanto tiempo, al menos tendría que hacerlo con las pilas recargadas. Todo eran risas, vídeos simulando ser todas unas señoritas que distinguían para qué servía cada uno de los cubiertos que había sobre la mesa y muchas risas más. Hasta que llegó la hora de pagar, claro. Ahí me levanté y les dije que las esperaba en uno de los sofás de fuera del restaurante porque tenía miedo de caer desmayada cuando nos dijesen que teníamos que vaciar el bote que habíamos hecho entre las cinco para sobrevivir esos días. Por suerte fueron ‘solo’ 17€ por persona, así que podríamos mantenernos con vida todo el viaje.

Después de eso nos fuimos a dos o tres hoteles más hasta que llegó el domingo, fuimos de concierto y los cantantes cogieron vacaciones. Entonces nosotras decidimos disfrutar de Oporto, callejear, visitar muchos sitios y seguir sintiéndonos ricas un poco más. Así que contratamos una excursión a una bodega –no sé si fue la primera o la segunda que hicimos, porque visitamos otra en Oporto– y nos fuimos a hacer catas de vino.

Y es que Vila Nova de Gaia, si es famosa por algo, es por sus bodegas de vino de Oporto. En esa ciudad es donde desde hace cientos de años se envejece este vino y hay muchísimas bodegas para visitar, como por ejemplo la bodega Ferreira, la bodega Ramos Pinto o la bodega Calem. Recuerdo que un guía nos explicó en varios idiomas curiosidades sobre el vino de Oporto y qué se hacía en las diferentes instalaciones de la bodega. Al final nos dieron dos copas de vino para degustar, una de vino blanco y otra de vino tinto, que tengo entendido que es lo que te dan después de cualquier visita. No me gusta, así que el vino no lo sé, pero el pan con aceite que probamos estaba buenísimo.

Bodegas de Oporto
Bodegas de Oporto

Imagino que Vila Nova de Gaia tiene algunos sitios más que podría ser interesante ver, pero nosotras nos conformamos con disfrutar del hotel más lujoso de la ciudad, de las preciosas vistas que nos ofreció y de la visita a una de sus bodegas. Creo que esto último, te guste o no el vino, es imprescindible en un viaje a Oporto. Claro está, compré una botellita y me la traje a casa para regalar.

Autor entrada: Judith G. Noé

2 thoughts on “Vila Nova de Gaia, una experiencia de lujo

    Entre suspiros y un café

    (23 febrero, 2017 - 9:17 am)

    ¡Oporto! Qué recuerdos… Uno de esos viajes que surgen al azar y del que esperas más bien poco, y se convierte en una experiencia única. Las bodegas, el paseo por el río,… Impresionante, vale la pena 😉

    ¡Un saludo y feliz jueves!
    Patri.

      Judith G. Noé

      (23 febrero, 2017 - 1:29 pm)

      Sí, vale mucho la pena aunque en un primer momento las expectativas, vete tú a saber por qué, no sean muy altas. Es una ciudad preciosa. Muchas gracias por leerme y por tu comentario, Patri. Un abrazo! 🙂

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