Descubriendo el parque de la Ciutadella

Después de unos días pensando sobre qué escribir el próximo post en el blog he decidido hacerlo sobre uno de los parques que más me gustan de Barcelona: El parque de la Ciutadella. Seguramente todas o casi todas las personas que vivimos aquí hemos paseado por él alguna vez y muchas personas que han venido de viaje también lo han visitado. Pero seguramente también, la mayoría de gente no le ha prestado atención a las muchas cosas que hay en su interior por el simple hecho de no saber qué son. Y es por esa razón que hoy me he propuesto escribir sobre la Ciutadella, para que juntos podamos conocerla mejor.

Antiguamente la Ciutadella fue una fortaleza –y es de ahí de donde proviene su nombre– pero a finales del S.XIX se transformó en un parque por motivo de la Exposición Universal de 1888. Durante muchos años fue el único parque público de la ciudad y hoy por hoy, con sus más de 17 hectáreas, sigue siendo uno de los más grandes.

Aunque se puede llegar hasta allí bajando en las paradas de metro de Ciutadella – Villa Olímpica o Arc de Triomf, yo siempre voy o caminando o en tren hasta Estació de França. Nada más entrar por la puerta que hay a la derecha de la estación se da de frente con la entrada al Zoo de Barcelona y una estatua en honor al general Prim. Un poco más adelante está el edificio del Parlamento de Catalunya, pero yo suelo desviar hacia la izquierda por la Iglesia Castrense de la Ciutadella y la Plaza de Joan Fiveller. Recuerdo una vez que fui al parque con unas amigas y se estaba celebrando una boda… ¡No pudimos evitar entrar para ver a la novia!

Si se continúa recto se llega hasta un lago artificial con algunos islotes y muchas especies de plantas diferentes. Si se alquila una barquita de remo se puede navegar por él, cosa que por supuesto va según las ganas y gustos de cada uno. Pero si os apetece hacerlo no es muy caro; creo que media hora sale a 6€ y se puede pagar entre las dos o tres personas que se monten.

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Lago artificial

A la derecha de este lago hay una gran estatua de un mamut construida a escala real y es la única escultura de un animal extinguido a tamaño natural que finalmente se construyó de entre todas las que se querían incluir en el parque. Sin duda es uno de los mayores atractivos del lugar, por eso no es raro ver a gente esperar su turno para sacarse una foto con la estatua del animal de fondo o incluso sentados sobre la trompa. Eso sí, esto último es sólo para los más ágiles porque está un poco alta. Si no recuerdo mal yo me he subido una vez, pero otras muchas he preferido quedarme abajo por miedo a saltar por un lado y aterrizar de cabeza en el suelo por el otro.

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Estatua del mamut

A pocos metros hay una cascada que sale desde un monumento enorme y cae sobre otro pequeño laguito. Es de piedra blanca y arriba tiene decoraciones de color dorado que a mí personalmente no me gustan nada. De verdad… ¡Es que no encajan! Además, el monumento tiene unas escaleras a lado y lado que permiten llegar hasta arriba y ver el parque desde otra perspectiva.

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Cascada

Si seguís el paseo por la derecha de la cascada y os asomáis entre las hierbas y vallas que hay, quizá tenéis un poco de suerte y veis a algunas de las panteras o guepardos del Zoo. Y hablo de suerte porque a veces los animales están por alguna zona de la jaula que desde los matorrales no se alcanza a ver. Después podéis continuar hacia adelante, girar a la izquierda y luego hacia la izquierda otra vez bordeando el parque por el lado en el que está el paseo de Picasso. Lo primero que veréis será el Castillo de los Tres Dragones, un edificio modernista que durante la Exposición Universal de 1888 se utilizó como restaurante y hoy en día es la sede del museo de zoología. A continuación hay un invernadero, después el Museo Martorell de geología y tras él un umbráculo. En él se pueden encontrar especies de plantas tropicales y subtropicales entre otras algo más conocidas que se resguardan de la luz solar y, si os apetece, sabed que se pueden visitar todos ellos.

Pero además de todos estos edificios y demás, durante este último trayecto se puede disfrutar de un entorno inmejorable. Hay muchísimo árboles y en todos los espacios de césped hay personas que se sientan o tumban a relajarse, leer, tocar música o simplemente a charlar con sus amigos. A mí me gusta muchísimo el ambiente del parque de la Ciutadella, porque sin duda lo hace todavía más bonito y agradable de lo que ya de por sí es.

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Autor entrada: Judith G. Noé

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